Las cuarenta

Título: Tiresias Devenir-mujer
Autor: Mario Perniola
Traducción y edición: Axel Gasquet
Editorial: Las cuarenta

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He aquí el problema de Tiresias: ¿qué es la mujer? Su error es tomarla como es. Ahora bien, ni siquiera la mujer escapa a su nuevo proyecto total: necesita reinventarlo todo. En cambio, para conocer a la mujer, Tiresias se convierte en mujer: de esta forma comprende la alteridad, la diversidad, la novedad, como un dato preexistente y preconstituido, cuya adecuación es la condición para su conocimiento. Incluso cuando alcanza la sospecha de una dialéctica de influencia recíproca que opera en las relaciones humanas, esta sospecha la advierte en la perspectiva aberrante del dominio, de la lucha, de la derrota. La feminidad es concebida por Tiresias como un elemento inmutable, una esencia. El paso de la condición masculina (necesariamente homosexual, porque está fundada en la identidad) a la condición femenina (necesariamente ninfómana, porque está fundada en la diversidad) se desenvuelve sobre la base de un trasfondo equívoco: que la masculinidad y la feminidad son concepciones del mundo radicalmente opuestas y recíprocamente excluyentes. Son en cambio dos caras complementarias e igualmente abominables de la misma medalla: la verdadera superación de uno sólo de estos términos implica la crítica de ambos y de la situación histórico-social que éstos suponen.

Tíitulo: Berlusconi o el 68 realizado
Autor: Mario Perniola
Traducción: Susana Anfosi
Editorial: Las cuarenta

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Las raíces históricas del espíritu del Sesenta y ocho residen, no en el leninismo, y menos aun en el marxismo, sino en otro filón del movimiento obrero y socialista que se expresó con máxima claridad en los textos del anarquista polaco Jan Waclaw Machajski. A su entender, los intelectuales constituían un enemigo de la clase obrera tan peligroso como el capitalismo. El odio en confrontación con el saber ya se había expresado durante la Revolución francesa en la famosa frase: La République n’a pas besoin de savants [la República no necesita sabios]. Puede parecer sorprendente y hasta incongruente considerar a Berlusconi como aquel que realizó lo que el Sesenta y ocho sostenía. Y, sin embargo, para quien vivió desde adentro ese movimiento, no es difícil encontrar en él esa voluntad de potencia, ese triunfalismo disparatado, esa extrema determinación de desestabilizar toda la sociedad invadida por el Sesenta y ocho. Con Berlusconi se cierra un periodo histórico iniciado en los sesenta, cuyas bases lógicas —la de pensar y la de actuar— fueron sustituidas por un sentir colectivo manipulado y delirante, lunático y extravagante.

Título: Los jansenistas franceses. fidelis usque ad mortem
Autora: Marguerite Tollemache
Estudio preliminar, traducción y notas: Joaquín E. Meabe
Editorial: Las cuarenta

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Los jansenistas, surgidos en el siglo xvii de la mano de Cornelius Jansen (1585-1638), obispo de Yprés y autor de Augustinus, se sitúan en la polémica de carácter teológico que mantenían agustinianos y molinistas sobre el modo de conciliar la libertad y la gracia. El jansenismo defiende que la gracia es solo un don divino, y se enfrenta a los molinistas, entre los que se encuentran los jesuitas. Cabe destacar que las ideas del nuevo movimiento entraban, de la misma manera, en el terreno eclesiástico como en el político. Aunque los jansenistas insistían en la necesidad de la Iglesia, negaban a las autoridades eclesiásticas la capacidad para representar la voluntad de Dios. Idéntica incapacidad atribuían a los monarcas, lo que los situó desde el principio entre los opositores al absolutismo. Este libro se propone destacar a los exponentes más relevantes de este movimiento y a sus obras.

Título: Fra Angelico y el silencio
Autor: Horacio Bollini
Editorial: Las cuarenta

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La pintura, ejercicio de representar lo visible y sugerir lo invisible, parte desde la materia. De no ser así, de no propender a la materia, al menos no consigue eludirla: el pintar requiere de pigmentos, de tablas, de muros. Puede permanecer en la materia opaca, o trascenderla. Para Fra Angelico, la opacidad de las cosas habría de ser traspasada por la luz teofánica, y reflejada en color. Sus tablas refulgen, siguiendo las Teologías de la Luz que enhebran Grosseteste y San Buenaventura. Esta imagen es punto intermedio entre la cosa visible y su arquetipo; entre el espacio objetivo y el disolverse de cada cosa en el blanco de la mente en contemplación. Limbo en donde no hay voluntad ni tensión, todo se subsume en la Gracia. Durante la contemplación, el alma se abandona experimentando un vaciamiento de lo múltiple, de la corporalidad y del tiempo. El dominico Fra Angelico concibió sus frescos de San Marco para ese ejercicio de abandono. Y estas pinturas nos abisman en el blanco de una pura nada: claustro, sombra atemporal en un muro; estas imágenes vienen a nosotros tal como los ecos de Eckhart asoman en aquél Heidegger que busca quitar la adherencia del ente sobre el ser. Una experiencia de liberación y silencio. Como fondo, un cerco, un pórtico, un jardín con plantas edénicas. Inducen a la remembranza de lugares donde hemos estado siempre.